QUEDÓ EN ÍNFIMA


Ayer tuvimos una fiesta y dediqué el día entero a resolver pormenores y asuntos menores de organización familiar para poder ir.Todo el día giró en torno a eso. Qué ponerse, qué iban a usar las nenas, si tenían el calzado adecuado o no, cómo me iba a peinar, qué iba a comer el bebé y a qué hora teníamos que salir para llegar bien. Me teñí el pelo y me bañé. Después no pude hacer nada más. El bebé se metía entre mis piernas mientras yo trataba de recogerme el pelo. Tuve que interrumpir para hacerle upa y distraerlo y mirar por la ventana y saludar al cielo o a las hojas o a la nada. Así, mínimo, treinta minutos. Como ahora que mientras escribo lo hamaco con una pata y me paro y lo pongo en el piso y se mete entre mis piernas y me mira y se agarra de mis rodillas y se para.
Mi novio llegó hablando por teléfono, se veía contento, relajado. Lo vimos venir desde la esquina porque estabamos en la ventana. Se cambió, se bañó y le dí al bebé para poder maquillarme.Me detuve en detalles mínimos, me peiné las cejas varias veces, las fijé con un gel especial, me pasé crema con aceite en las piernas y me vestí.Las nenas ya estaban listas. Mi novio mientras tanto bañó y vistió al bebé.
En el viaje hablamos de un amigo y sus tres amigovias, que si sale o no sale con una de veinte o con dos o con tres de veintidos y a quién le importa.
Llegamos y el bebé se asustó. Mucha gente pesada venía a pellizcarle los cachetes y decir esas cosas con sus muñecas embadurnadas en perfume importado. Lo tuvimos a upa de a ratos, un poco él, otro poco yo. El bebé lloraba y suspiraba. A mi novio lo perdía de vista, no se qué había de comer, solo ví unos paquetitos de masa filo y un pernil. La gente hablaba, venían otra vez a ver al bebé, a saludarme, a preguntarme qué le pasaba. Cada tanto divisaba a mi novio que chequeaba su blackberguy.
Por fin llegó Pipi, la cumpleañera y cuarta mujer de mi tío. Aplaudimos y pasamos al salón lleno de globos rosas y lilas. Nos sentamos en una mesa y mi prima se llevó al bebé. Me tomé dos copas de champagne al hilo y hablé con otra prima lejana sobre la relación madres e hijas y del lugar donde me casé la única vez. Mi novio iba y venía con la comida del bebé y el ccochecito. Le dije que por la fiesta me volvería a casar.
Le dimos de comer al bebé, por turnos, entre copas y copas de champagne. Con mi novio solo hablé de darle de comer ahora, sí o no, de dormirlo ahora o después y dónde, si calentar la mamadera o no.
Mi novio se llevó al bebé e intentó dormirlo, pero volvió frustrado. El bebé miraba para todos lados. La gente comía y hablaba con ademanes gigantezcos. Me fui con el bebé a dar una vuelta. Mientras hamacaba al bebé y le daba mi mano, y le hacía sh-sh-sh, llegó un payaso decadente, uno de esos con peluca y pantalones capri amarillos, pintura en la cara y zapatos grandes. Una mezcla de piñon fijo y comparsa. Logré al fin que el bebé se durmiera. Atravesé el salón con el cochecito hasta mi mesa. Mi novio me hizo señas para que intercambiara lugar con mi prima. El payaso hizo chistes piolas y todos nos reimos.
Comí el postre y mi prima me contó que conoció a Chayane, que los socios VIP del club donde trabaja le dejan propinas exhuberantes, y que su jefa antes de aceptar a un socio los googlea  para saber quienes son.
Después vino una banda con bailarines y el show. El bebé se despertó y mi novio habilitó no sé cómo el pasillo de servicio para que salieramos del salón. Pasamos por la cocina y atravesamos un restaurant cerrado hasta llegar  a la recepción. Al lado del cochecito del bebé me fumé un cigarrillo y de lejos miré el show. Las chicas se sacaban la ropa y la banda hacía covers, reguetón, creo. Mis hijas bailaban y miraban fascinadas. Mi novio fumó un habano. Conté a la gente que formaba el equipo del show: una manager, tres plomos, seis bailarines y cuatro músicos y un pibe que manejaba la consola de la banda. Mi hermano vino a fumar y dijo que el batero sonaba mal, que seguro el pibe se querría matar por tener que estar tocando sobre una pista.
Las bailarinas pasaban por delante nuestro y corrían a cambiarse de ropa. La manager tenía todo el control y los plomos se iban llevando de a poco los equipos que habían usado durante las distintas etapas del show. Todos bailaban las coreos que marcaban los bailarines. Mi novio, mi hermano y yo calculamos cuánto costaba el show. Más de cinco lucas no les paga nadie. Dos minitas de veinticuatro con las que NADIE habló miraban desde un rincón. Tenían minifaldas, piernas lindas y largas. Mi novio dijo esos gatos quiénes son? Son las novias de los músicos del show, o de los bailarines, dije y me saqué los zapatos. No podía más parada en esos tacos, manteniento la espalda derecha y firme, llevando el peinado recogido y los ojos maquillados. Me quise ir, me quise ir, me quise ir mil veces. Habremos estado los dos ahí, mudos, con la mirada petrificada en las piernas y los culos de esas bestias. No lo odié a mi novio por desearlas, no lo celé. Daba para hacer un poco de drama pero no pude, yo las deseaba también , o no,  era imposible no sentir cierta incomodidad. Hasta que por fin mi novio se fue a buscar agua para bajar un poco el alcohol.
Tardó bastante. El show terminó, la banda se fue, los bailarines y las minitas lindas también.
Busqué a las nenas, saludé a mi tío, a la Pipi, a mi hermano, a mi padre, a mis primos y nos fuimos.
En el viaje de vuelta hablamos del auto nuevo, de la buena suspención, de lo bien que anda, de que es mejor. También comentamos por qué no estaba mi madre. Mi hija menor me pidió prestadas unas botas altas con taco, supuse que planeaba disfrazarse como las bailarinas del show.
Aah, bailamos macarena, con el pasito, ahora me acuerdo. Y ahí, ahí, ahí. Sí.
Llegamos a casa, sin prender una sola luz cambié al bebé pero se despertó. Balbuceaba. Me saqué todo en la oscuridad, me quedé en tetas al lado de la cuna, la ropa en el piso. Las nenas se fueron a dormir. Mi novio estaba abajo, en el living, y prendió otro habano. Odio cuando sube ese olor. Yo en pelotas, traté de dormir al nene, putié y reputié. Eran las tres y media, y cincuenticuatro se durmió. Me puse una camisola y bajé a fumarme un cigarrillo, a charlar. Mi novio veía un documental en discovery chanel sobre un hombre que no superaba la muerte de su padre.Me acordé que mi primo me dijo que estaba linda y me agradeció que hayamos ido.
Nos fuimos a dormir. Mi novio me pidió un beso y no tuve ganas de besarlo. No tuve ganas.
Estoy triste. Siento que mi vida de antes no va a volver, me cuestioné tanto preparatorio, para qué? Para qué horas con el vestido, la crema, el maquillaje, el peinado, que las nenas y el bebé. En menos de veinte segundo dos pendejas de veinticuatro se llevaron las miradas de mi novio y mi autoestima débil quedó en ínfima.
A las nueve de hoy bajé. Son las doce y mi novio duerme , las nenas también.
Yo estoy en la cocina con los chiches, y el bebé llora porque le dije No, eso NO!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Aplausos... Sos muy buena, evidentemente no sos una improvisada escribiendo.

Saludos desde Bariloche
"Juanpa10ar"

Anónimo dijo...

Qué buen texto, muy buena prosa... Me pareció brillante la descripción. Y me encanta cuando algo q puede pasar como cotidiano e insignificante frente a nuestros ojos, una muy buena pluma lo convierte en literatura.
Besos

{ maría } dijo...

gracias
cariños
María

Anónimo dijo...

Qué frágiles somos los seres humanos. Muy buen post. @hernan_0

otrxs babosxs

muáa

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Fiji
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